Todo el mundo en Venezuela le debe algo a la Universidad Simón Bolívar (USB). Todos los venezolanos están en deuda con quienes la fundaron, con sus profesores y sus miles de egresados que han ayudado a construir país siendo, nada más pero tampoco nada menos, excelentes profesionales. ¿Quién no tiene un amigo graduado en la USB, un pariente, un referente en este o en aquel oficio salido de sus aulas? Una deuda nacional, como la hay respecto a la Universidad Central de Venezuela (UCV) o la Universidad de Los Andes (ULA).

Uno de los grandes haberes de la democracia que el chavismo ha hecho lo imposible por menoscabar. Lo que está haciendo la rosca en el poder contra estas instituciones también es un crimen de lesa humanidad.

Luis Buttó ha sido durante 21 años profesor de Ciencias Políticas en la USB, a tiempo completo. Es el secretario general de la Asociación de Profesores y coordina el postgrado en Ciencias Políticas. Después de todos estos años, después de tanta perseverancia y entrega y lucha contra vicisitudes diversas, el profesor Buttó no puede mandar a reparar su nevera, que se le rompió el año pasado. Tampoco el carro. Y me dice que, si se le cae el móvil a través del cual habla conmigo en este momento, y se le rompe, pues tampoco podría comprarse uno nuevo porque le costaría cien dólares (calcula mal, seguro que le costaría más) y él lo que gana son doce dólares al mes.

“Los profesores universitarios tienen un salario por debajo de los indicadores internacionales de pobreza, que es dos dólares al día”

No hay una explicación por parte de las instancias oficiales sobre por qué hacen lo que hacen. Las solicitudes o planteamientos de la Universidad quedan en el vacío. Se presentó un proyecto de presupuesto para 2021 y la respuesta es simplemente una e inequívoca: Se aprueba, por cada cien bolívares que la Universidad solicita, cincuenta miserables céntimos.

De esta forma se la condena a no funcionar. Es un asesinato en toda ley. La USB no puede hacer investigación ni mantener la infraestructura, ni dotar la biblioteca ni comprar equipos ni nada. Está condenada al cierre virtual, a fallecer por desahucio, mediante asfixia presupuestaria.

El comunicado dado a conocer por el Consejo Directivo en este mismo mes de enero dice que el acogotamiento no viene de ahora, sino que se ha ido acentuando desde hace más de diez años. Pero, además, «los pocos recursos asignados no son recibidos con la celeridad requerida para acometer las necesidades de la institución. Al respecto, desde el mes de enero 2020 no se han recibido los recursos para las providencias estudiantiles, a pesar de que tales recursos fueron contemplados en el presupuesto ordinario».

¿Qué podrían decir los oficialistas, que eso también se debe a las sanciones internacionales?

Por otra parte, no hay una Universidad autónoma nacional a cuyas autoridades no se les haya vencido el periodo; en algunos casos hasta tres periodos han transcurrido sin alternancia. Hay autoridades que han fallecido; otras que han tenido que abandonar el cargo por razones de salud, o se han ido del país. La Universidad tiene que renovar su liderazgo para que pueda seguir funcionando, conforme al sentido democrático que hay en sus estatutos.

“La USB no es el único caso en cuanto al acogotamiento por falta de presupuesto. A la UCV se le negó 94% de lo que presupuestó para este año”