Por
Esta semana se cumplió un aniversario más del 4 de febrero de 1992: día en que un grupo de militares liderados por Hugo Chávez intentaron derrocar al entonces presidente Carlos Andrés Pérez. En algunas avenidas de Caracas, sin embargo, aparecieron pancartas de tela con el dibujo de un rostro distinto al del comandante Chávez. “El pueblo está con Alex Saab”, decía la leyenda del afiche, junto a la imagen sonriente del empresario colombiano. De manera involuntaria, la revolución se retrató. Se delató. Mostró su verdadera definición. Su única ideología es el dinero.
Saab es protagonista de una peculiar historia de suspenso que aún no tiene final. Tras casi ocho meses detenido en Cabo Verde en respuesta a una alerta de Interpol, se mantiene la pugna entre una posible extradición, que pide el gobierno de Estados Unidos y que ya fue aprobada por un tribunal del archipiélago africano, o lo que exige el chavismo: su liberación plena.

El esfuerzo bolivariano para impedir la extradición del empresario colombiano a Estados Unidos ha sido inmenso y costoso. Incluye intentos diplomáticos de distinto tipo, peticiones, amenazas, ofertas comerciales, una campaña de videos en las redes, la contratación para su defensa legal de un renombrado personaje como el exjuez Baltasar Garzón suma más a toda esta trama que al final solo trata de construir un espectáculo para proteger a un delincuente. Mientras, en las empresas de Saab en Venezuela, los trabajadores son amenazados con despidos masivos si no participan en videos y marchas de apoyo a su patrón, la narrativa gubernamental insiste en tratar de refreír la Guerra Fría: presenta el conflicto como una conspiración de la derecha internacional contra el humanismo chavista.
En una primera entrevista —dada al medio oficialista ruso RT— Saab ofrece un guion previsible: sostiene que su detención solo busca “derrotar a Maduro”. Es una apelación a un clásico de la retórica sentimental de la izquierda: el imperio villano ataca a un pequeño gobierno libertario que solo quiere defender a su pueblo. Sin embargo, la típica telenovela donde un supuesto Goliat blanco abusa de un supuesto David latino y pobre, tiene en este caso demasiadas inconsistencias. Es absurdamente inverosímil.
La relación de Alex Saab con el chavismo nació y se ha sostenido y alimentado a partir del dinero. La revolución para él siempre ha sido un negocio, un gran negocio. Su primer acuerdo comercial conocido lo consigue en 2011, cuando Hugo Chávez vivía: 600 millones de dólares para la supuesta construcción de unas viviendas prefabricadas. Sin embargo, es con la llegada de Maduro al poder, en 2013, que el empresario comienza a tener cada vez más importancia, participación y protagonismo en el esquema económico del gobierno venezolano. “Saab es el cerebro financiero de Maduro”, dice Roberto Deniz, periodista que ha seguido e investigado con mayor profundidad al personaje y a su red.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario